Donaciones Escolares
Después de muchos meses de espera, por fin hemos vuelto a Kanuma. Como siempre, la emoción comenzó mucho antes de llegar. Maletas llenas de material escolar, ropa, ilusión y ganas de reencontrarnos con todos aquellos que forman parte de la familia Makamaru.
La llegada al pueblo fue uno de esos momentos difíciles de describir. Las sonrisas de los niños, los abrazos de los profesores y la alegría de volver a compartir tiempo con ellos nos recuerdan cada año por qué seguimos trabajando en este proyecto. Ver cómo han crecido los pequeños y comprobar que siguen acudiendo a la escuela con las mismas ganas de aprender es, sin duda, la mejor recompensa.
Durante los primeros días entregamos el material escolar que tantas personas habían donado durante los meses anteriores. Cuadernos, lápices, colores, mochilas y otros recursos que ayudarán a los niños durante el curso escolar. Cada caja descargada representaba la solidaridad de muchas personas que, desde la distancia, siguen apostando por la educación como herramienta de cambio.
También aprovechamos la visita para reunirnos con el equipo local y revisar las necesidades más urgentes de la escuela. Como ocurre cada año, surgen nuevos retos y nuevas oportunidades para seguir mejorando las instalaciones y las condiciones de aprendizaje de los alumnos.
Más allá del trabajo, disfrutamos de algo igual de importante: compartir tiempo con la comunidad. Conversaciones bajo la sombra de los árboles, partidos improvisados con los niños y momentos que nos recuerdan que la cooperación no consiste únicamente en ayudar, sino también en aprender y crecer juntos.
Nos marchamos de Kanuma con la satisfacción de ver que el proyecto sigue avanzando y con una larga lista de tareas para los próximos meses. Pero sobre todo nos llevamos el cariño de una comunidad que nos hace sentir como en casa cada vez que regresamos.
Gracias a todas las personas que hacéis posible este viaje y que confiáis en Makamaru año tras año.
ABARAKA BAKE.