Una Casa para Kadjatou:
Cuando la Solidaridad Va Más Allá de los Proyectos
A lo largo de los años, Makamaru ha centrado sus esfuerzos en la educación y el apoyo a las comunidades de Gambia. Sin embargo, en ocasiones la vida nos cruza con historias que nos recuerdan que, detrás de cada proyecto, hay personas que necesitan ayuda inmediata y que no pueden esperar.
Esta es la historia de Kadjatou y su familia.
Hace años conocimos a Sulayman, un niño con una grave enfermedad cardíaca que, gracias a la solidaridad de muchas personas, pudo viajar a Barcelona para ser operado. Fueron momentos difíciles, pero también llenos de esperanza. Lamentablemente, el destino nos arrebató demasiado pronto a Sulayman, dejando una profunda huella en todos los que tuvimos la suerte de conocerlo.
Su familia continuó adelante enfrentándose a enormes dificultades. Kadjatou, madre de 3 hijos, ha tenido que sacar adelante a su familia prácticamente sola. Su marido, afectado por una ceguera que le impide trabajar, no puede contribuir económicamente al hogar, por lo que todo el peso de la familia recae sobre ella.
Para conseguir ingresos, Kadjatou pasa largas jornadas vendiendo pequeños productos a los pasajeros del ferry que cruza el río Gambia. Bajo el calor, la lluvia o el polvo, recorre una y otra vez el embarcadero intentando vender lo suficiente para poder comprar comida y cubrir las necesidades básicas de sus hijos. Es un trabajo duro e incierto, pero nunca ha dejado de luchar por sacar a su familia adelante.
A pesar de todas las dificultades, Kadjatou siempre ha mantenido una actitud ejemplar de esfuerzo, dignidad y esperanza. Su mayor deseo ha sido ofrecer a sus hijos oportunidades que ella nunca tuvo y permitirles acceder a una educación que les ayude a construir un futuro mejor.
Entre sus hijos se encuentra Alieu, un joven que, gracias al esfuerzo de su familia y al apoyo recibido durante estos años, ha conseguido finalizar sus estudios. Un logro enorme en unas circunstancias tan complicadas y una muestra de que la educación sigue siendo la mejor herramienta para romper el círculo de la pobreza.
Pero mientras algunas metas se cumplían, otro problema se hacía cada vez más grave. La vivienda familiar, construida con barro y materiales muy precarios, se fue deteriorando con el paso del tiempo. Cada temporada de lluvias suponía una nueva amenaza. Las goteras, las filtraciones y el riesgo de derrumbe convertían el hogar en un lugar inseguro para toda la familia.
Lo que comenzó como pequeñas grietas terminó convirtiéndose en una situación insostenible.
Por eso, gracias a las aportaciones personales de muchas personas y a la generosidad de varios de nuestros viajeros solidarios, se ha puesto en marcha un proyecto muy especial: la construcción de una nueva vivienda para Kadjatou y su familia.
Una casa sencilla, pero segura. Una casa construida con bloques de cemento, preparada para resistir el paso de los años y las fuertes lluvias. Una casa donde los niños puedan dormir tranquilos, estudiar y crecer en condiciones dignas.
Este proyecto no forma parte de los programas habituales de Makamaru. No es una escuela ni una infraestructura comunitaria. Es simplemente la respuesta a una necesidad urgente de una familia que lleva años luchando contra circunstancias extremadamente difíciles.
Porque a veces la cooperación también consiste en estar al lado de las personas cuando más lo necesitan.
La nueva vivienda avanza poco a poco y cada bloque colocado representa el cariño, la solidaridad y el compromiso de todas las personas que han querido formar parte de esta historia.
Esperamos que muy pronto Kadjatou y su familia puedan abrir la puerta de su nuevo hogar y comenzar una etapa más segura y esperanzadora.
A todos los que habéis contribuido de una forma u otra para hacerlo posible: gracias.
ABARAKA BAKE.